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23/03/2019
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China reforma la política de inversión extranjera

Los países tienen éxito porque lo buscan, lo trabajan y hacen lo necesario para lograrlo. La dinámica del progreso económico no es otra. Nada es gratis, ni llega del cielo. El futuro de las naciones no depende de consignas, ni de la aplicación dogmática de ideologías fracasadas. Lo que no funciona se debe dejar atrás, y enderezar el rumbo de la nave. La historia ofrece muchos ejemplos. Estamos ante uno.

La Asamblea Nacional Popular de China, por aplastante mayoría1, ha dado el visto bueno a una nueva ley de inversión extranjera, que supone, de facto, aceptar las posiciones planteadas por EEUU en el contencioso entre los dos países, y que abre un nuevo espacio para el desarrollo de las inversiones, el comercio y la tecnología entre las dos potencias. Aunque el proyecto original fue elaborado en 2015, los dirigentes comunistas chinos han acelerado la tramitación desde finales de 2018 debido teniendo en cuenta que esta nueva regulación puede satisfacer demandas presentadas por Estados Unidos en el marco de las negociaciones para resolver la disputa comercial entre ambos países.

El presidente de la Asamblea Li Zhanshu calificó la ley como fundamental para promover la apertura económica de alto nivel en esta nueva era y la determinación China por definir una nueva etapa en sus relaciones internacionales. También algunos observadores y analistas consideran que se trata de un paso importante para la consolidación del gigante asiático como gran potencia a lo largo de este siglo.

La Ley introduce, por primera vez, una serie de provisiones unificadas para garantizar la entrada, promoción, protección y gestión de la inversión extranjera, con el objetivo de mejorar la transparencia de la política de inversión extranjera y garantizar que las empresas nacionales y foráneas estén sujetas a una serie de reglas unificadas y que compitan en igualdad de condiciones.

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Las previsiones de la economía global en 2019: unos apuntes

Los comienzos de cada año son el momento propicio para explorar las perspectivas económicas. Para acometer este ejercicio, los economistas centran su atención en el crecimiento del PIB, que justo en el año que ha acabado 2018, se caracterizó, al menos durante la primera mitad, por mostrar un ritmo robusto y sincronizado entre los países del mundo.

Pero este escenario, sin duda favorable, empezó a cambiar, sobre todo a partir de los meses de verano, y el final del ejercicio trajo consigo unas perspectivas menos favorables, con la aparición de tendencias dispares entre las principales áreas geográficas del mundo. Estas tendencias se toman en consideración para formular las previsiones para 2019.

El crecimiento va a buen ritmo en EEUU. Esta es una buena noticia. Las estimaciones para 2019 se sitúan en el 2,6% un avance robusto del PIB, que se beneficia del aumento de la población laboral y de la productividad. También han actuado los estímulos fiscales, consistentes en rebajas de impuestos, así como el aumento de los gastos, que impulsaron el crecimiento del PIB hasta el 2,9% en 2018. Los analistas creen que el impacto de los estímulos se dejará sentir todavía durante 2019, pero irá disminuyendo conforme avance el ejercicio. La diferencia de tres décimas menos en la estimación del crecimiento del PIB viene a confirmar que la economía de EEUU continuará siendo de las más dinámicas del mundo.

Por el contrario, la Eurozona se aleja de estas cifras de crecimiento, como consecuencia de la creciente inestabilidad política. Un proceso que viene motivado por los efectos negativos del Brexit, unidos a las protestas sociales contra el presidente francés Macron, o el final del mandato de Merkel en Alemania, y el auge en todos los países de los populismos. Todo ello ha arrastrado a la baja las cifras de crecimiento económico desde el techo alcanzado en la segunda mitad de 2017. Por si la inestabilidad política no fuera suficiente, el panorama económico en la Eurozona se ve perjudicado además por las dificultades del crédito y el efecto negativo de las tensiones comerciales sobre la confianza empresarial.

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El éxito económico de las naciones en el siglo XXI

Una cuestión central que ha preocupado a los economistas a lo largo de la historia es el éxito económico de las naciones. Es decir, ¿por qué unos países crecen y se desarrollan mientras que otros languidecen y se atrasan? Un estudio reciente de McKinsey Global1, relativo al comportamiento de las economías emergentes ha destacado la relevancia que tienen las políticas públicas, la eficiencia del gobierno y el comportamiento de las empresas competitivas globales en la receta del éxito económico de las naciones. A ello me refiero en este post.

La importancia del crecimiento para contribuir a crear un clima favorable a la realización de los ahorros y las inversiones permitiendo a las empresas invertir, acumular capital, construir capacidad productiva y abrir el resto de la economía, se ha convertido en el eje principal de una visión compartida que está detrás del éxito económico de las naciones.

Lo más importante es que esta visión no ocurre de manera natural, automática, ni resulta fácil su aplicación, sino que depende de una agenda compartida de los responsables políticos con los dirigentes empresariales privados de los países, que establezca lo que se tiene que hacer, por ejemplo, estimular las exportaciones en un determinado sector de la economía, o situar los incentivos en el sitio correcto, promoviendo el impacto de la acción integrada de los distintos agentes para conseguir altos niveles de ahorro y de acumulación de capital en la economía.

¿Por dónde empezar? Parece evidente que lo primero es lograr elevadas tasas de ahorro y movilizar los recursos financieros de la gente hacia la inversión productiva. Para ello, se necesita aumentar el valor de los ahorros, de modo que si se ponen realmente a trabajar puedan producir un incremento significativo de la riqueza en el futuro. De igual modo, hay que garantizar la seguridad de los ahorros, para que puedan salir de debajo del colchón con tranquilidad y pasar a instituciones crediticias transparentes, competentes y seguras.

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La crisis de Lehman Brothers diez años atrás

Han pasado diez años desde la quiebra de Lehman Brothers, el que fuera cuarto banco de inversión de Estados Unidos, y que generó una crisis financiera mundial de la que pocos países escaparon. Los diez años transcurridos desde aquel mes de septiembre de 2008, han permitido a los países contar con experiencia sobre lo que se debe y no hacer en relación con la gestión financiera, a nivel global.

Lehman Brothers, que poseía activos por valor de 639.000 millones y una plantilla estimada en 26.000 empleados en todo el mundo quebró dejando un agujero de 613.000 millones de dólares. Una cifra que se convirtió en la mayor quiebra de la historia. Cuando faltan apenas dos semanas para el décimo aniversario de aquel percance económico, del que fuera cuarto banco de inversión de Estados Unidos, podría resultar interesante realizar unas reflexiones sobre el tiempo transcurrido, lo que hemos aprendido, las consecuencias de aquellos acontecimientos, y finalmente concluir si la economía mundial en la actualidad está mejor preparada para afrontar crisis sistémicas, o por el contrario, persiste la debilidad y en cualquier momento puede surgir una crisis financiera generalizada de efectos similares.

Tal vez por ello, un poco de historia sea conveniente a fin de centrar los sucesos acaecidos hace diez años. Los primeros síntomas de las turbulencias se detectaron en la primavera de 2007, concretamente en el mes de abril, cuando tuvo lugar la quiebra del New Century Financial, que era una pequeña entidad especializada en la concesión de hipotecas de alto riesgo, un producto financiero que tuvo mucho que ver con lo ocurrido después.

Aquel acontecimiento no dio para más, salvo para atraer la atención de algunos medios. La razón: la economía se mostraba fuerte y nadie podía pensar que se estaba a las puertas de una grave crisis. No obstante, algunos analistas y expertos situaron el comienzo de la grave crisis financiera, que vendría después, a comienzos del mes de agosto de 2007. En cuestión de tres días, entre el 6 y el 9, se produjo la quiebra de tres sociedades hipotecarias estadounidenses, en tanto que al otro lado del Atlántico, donde los efectos no se habían producido aún, el banco francés BNP Paribas anunciaba la suspensión de tres de sus fondos. Para la institución francesa, la disminución del precio de los activos vinculados a las hipotecas de alto riesgo le impedía calcular el valor de los fondos, por lo que estaba obligado a lograr que los inversores retirasen su dinero.

A partir de entonces, los sucesos fueron siendo cada vez más graves y la enfermedad empezó a extenderse con rapidez, y como consecuencia, los bancos dejaron de confiar sus operaciones en el mercado interbancario, que quedó completamente paralizado. Las entidades no se atrevían a prestar a otras, y el nivel de desconfianza aumentó de manera vertiginosa ante el desconocimiento de lo que se contenía en los productos financieros que los analistas calificaban de tóxicos, pero que hasta entonces se habían comercializado prácticamente sin límites. Ni siquiera las inyecciones masivas de liquidez por parte de los bancos centrales sirvieron para contrarrestar el clima de desconfianza, ni tampoco el descenso de los tipos de interés que acabaría llevando el precio del dinero a mínimos históricos.

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Las remesas económicas y sociales de los emigrantes: una perspectiva global

Este año, el Foro Económico de Davos ha prestado atención a las migraciones, un asunto candente en todos los países occidentales que ha generado un aluvión informativo en las últimas semanas, y que lo seguirá haciendo, porque es una tendencia imparable, característica del nuevo entorno de la globalización de este siglo XXI1.

El interés por las migraciones tiene un punto de partida fundamental en el reconocimiento de la importancia cuantitativa que tienen. En la actualidad, cerca de 258 millones de personas residen en un país distinto al que les vio nacer, el 3,8% de la población mundial estimada. Como dato curioso, los cubanos, durante seis décadas, han llegado a acumular más de 2,5 millones en el extranjero, lo que representa un porcentaje del 22,7% sobre la población de la isla. El asunto es especialmente sensible.

Las razones para migrar y cambiar de país son muchas, y se modifican a lo largo del tiempo. En los últimos años, existe un amplio acuerdo en que la migración cada vez más responde a situaciones de conflictos bélicos locales, la persecución, el deterioro del medio ambiente, a la falta de oportunidades y una profunda falta de seguridad en la vida de los seres humanos2.

Por otra parte, al desarrollar su nueva vida en los países de adopción el emigrante conserva en buena medida sus valores, cultura, experiencia, conocimiento y proyectos vitales de origen. Con el paso del tiempo, adquiere nuevas competencias y cualificaciones fruto de su desarrollo profesional, y gracias a ello, cubiertas sus necesidades inmediatas, puede realizar envíos periódicos de dinero a sus familias. Por este motivo, las remesas de los emigrantes a sus familias se han convertido en objeto de atención en el Foro Económico de Davos3 y el cálculo de su importe total y los efectos cuantitativos y cualitativos que generan, ha abierto una línea de investigación muy prometedora.

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Tarifas y aranceles ante la 4ª revolución industrial

Pensar en aranceles y tarifas en el comercio mundial del siglo XXI es un error de los gobiernos. Sobre todo, es creer posible una vuelta atrás en el tiempo, cuando las tendencias que empujan el comercio mundial de bienes y servicios van por otro camino, sin duda muy diferente.

Buena parte del comercio mundial desde la primera revolución industrial tuvo mucho que ver con lo que se entiende por el proceso de ensamblaje de piezas, en esencia, el diseño e ingeniería de herramientas e instrumentos necesarios para producir los componentes de los productos finales. El ensamblaje fue la tecnología fundamental desde el nacimiento de las primeras plantas fabriles a la orilla de los ríos en Inglaterra. Permitió que los productos manufacturados salieran de las máquinas y no de las manos de los artesanos tradicionales, como había ocurrido a lo largo de la historia en los siglos anteriores. Supuso que los procesos productivos se beneficiaran y se vieran estimulados por la adopción de tecnologías e innovaciones mecánicas, como la máquina de vapor. La historia desde entonces, nos es bien conocida.

Una vez que las máquinas se hicieron con el papel fundamental en la producción, las materias primas empezaron a viajar de los países en desarrollo a los industrializados, en tanto que las manufacturas producidas se extendían por todo el mundo a precios cada vez más competitivos como consecuencia de la producción masiva. Entonces, en algún momento de este proceso, los gobiernos apostaron por la fijación de los aranceles, tarifas e impuestos sobre el comercio mundial. En ocasiones con fines recaudatorios, en otras como respuesta a las presiones internas para evitar la competencia internacional de precios en descenso. Tanto en un caso como en otro, los perjudicados eran los consumidores finales que pagaban precios más elevados por los productos.

Todavía en la actualidad, las materias primas continúan viajando a las factorías en aquellos lugares del mundo en los que se producen los componentes. A su vez, estos componentes que poseen una naturaleza industrial manufacturera se envían a otros países donde se encuentran los ensambladores del producto final. Este proceso que ha llegado a nuestros días y que se encuentran bien asentado es un legado de la primera revolución industrial.

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Las relaciones de la UE con Cuba y Estados Unidos

La visita de Federica Mogherini a La Habana para rendir pleitesía a un régimen que agoniza no ha sentado bien a los sectores de la disidencia y la oposición que comparten con los 28 estados de la Unión Europea un mismo modelo de democracia, pluralismo y respeto a los derechos humanos.

Sin embargo, una derivada mucho más complicada aún, que puede tener repercusiones a medio plazo para la Unión Europea es la toma de posición con respecto a la política del nuevo presidente de Estados Unidos, por cuanto supone una confrontación directa no sólo en el caso cubano, que ya se da por perdido en todos los foros diplomáticos, sino con relación a otros ámbitos de la geopolítica internacional. Si la Unión Europea continúa esta política de expansión diplomática y comercial para ocupar el espacio que deja la actitud del presidente Trump, pueden aparecer nubarrones grises que anuncien tormenta.

No está bien que la alta representante de la Unión Europea diga sin referirse a nadie en concreto, pero con la mente puesta en el presidente Trump, que "frente a los que levantan muros y cierran puertas, nosotros los europeos queremos tender puentes y abrir puertas mediante la cooperación y el diálogo". Además, en la conferencia impartida en el Colegio San Gerónimo de La Habana, lanzó duras acusaciones contra el “bloqueo” que en su criterio, EEUU mantiene sobre la Isla desde 1962, una política "obsoleta e ilegal" cuyo único efecto es "empeorar la calidad de vida" de los cubanos. Ni más ni menos que el guión que usa el castrismo desde hace 54 años.

Diciendo estas cosas Mogherini se olvida que el régimen castrista es el único que mantiene las estructuras y políticas de los tiempos de la “guerra fría”, incapaz de abrir espacios a la libertad, el pluralismo y el progreso, a la vez que, enmarañado en ajustes económicos que no llevan a ningún sitio, ve como la economía entra en recesión sin apenas capacidad para cumplir sus compromisos internacionales. Diciendo estas cosas, Mogherini se puede encontrar con algunos diputados europeos que no estén de acuerdo con sus afirmaciones y cuestionen su gestión. En fin, los problemas se acumulan. La tormenta está cerca.

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